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1. NO HAY PEOR SORDO QUE EL QUE NO QUIERE OIR





La Palangana Mecánica lleva unos años repitiendo machaconamente una idea: el Sevilla FC club de raíces liberales, el Real Betis Balompié club ligado al totalitarismo fascista, el Sevilla FC asociado al republicanismo, el Real Betis Balompié unido a la monarquía y a la aristocracia, el Sevilla FC como representante de unos determinados valores (república, libertad, tolerancia, etc), el Real Betis Balompié como encarnación del poder militar que dominó España durante cerca de cuarenta años…

Para ello se basa en la trayectoria personal de algunos fundadores del Sevilla Balompié, implicados posteriormente en el golpe de estado de 1936, y la de algunos otros integrantes de la directiva sevillista en los años 20 y 30 del pasado siglo.

Hermosa, Cuesta, Alarcón, etc, serían representantes genuinos de esta primera tendencia, mientras que Blasco Garzón y Puelles de los Santos encarnarían la segunda.

Como hasta en las mejores familias hay un garbanzo negro La Palangana Mecánica admite que en el Sevilla FC también hubo un representante del conservadurismo militar golpista (Ramón de Carranza), mientras que el Betis tuvo su excepción en un presidente de ideas republicanas en los años 30 (Mantecón Navasal).

Pero estas dos excepciones, según la teoría de La Palangana Mecánica, fueron dos gotas de agua en la inmensidad del océano, dos ligeras anécdotas que no alteran para nada la visión ya prefijada  y que proyecta una y otra vez: el Sevilla FC club liberal y republicano, el Real Betis Balompié, el equipo de los militares y los fascistas.

Mi postura, y la que voy a tratar de exponer en este apartado, es diferente a la que con tanto ardor defiende La Palangana Mecánica. No obstante, y antes de entrar en materia, quiero dejar claras algunas ideas previas:

1)   Tengo un respeto absoluto hacia el Sevilla FC como entidad (al igual que para el resto de clubs), y también hacia su historia, y me unen relaciones familiares y de amistad con aficionados del Sevilla FC, como no podía ser de otra manera.
Sevilla y Betis llevan conviviendo más de 100 años y han de seguir haciéndolo, aunque les pese a los partidarios de la guerra a muerte, que los hay en ambas orillas. 
Quiero decir con ello que con alguna de las informaciones e imágenes que por aquí se van a ver,  no quiero ofender ni denostar para nada al sentimiento sevillista.
Si, a pesar de ello, alguna persona se sintiera ofendida, vayan por delante mis sinceras disculpas, y que se sepa que no es esa  mi intencionalidad, sino tratar de poner coto al tratamiento ofensivo y falso que hacia el Real Betis Balompié y a su historia se está dando desde determinada órbita

2)   Las informaciones e imágenes con que voy a ilustrar esta serie no aparecen en La Palangana Mecánica, no sé si por desconocimiento o por pura ocultación de la realidad.  Son fruto de un trabajo particular de investigación, y no me gusta tener que hacer uso de ellas. De hecho, las tengo desde hace tiempo y nunca las he utilizado públicamente.
No es mi intención darle la vuelta a la tortilla de la visión sesgada, parcial y tergiversada con que La Palangana Mecánica nos obsequia sobre la historia del fútbol en Sevilla y su  relación con el mundo de las ideologías. No pretendo asociar para nada al Sevilla FC con las  ideas totalitarias que algunos de sus integrantes profesaron, pero sí demostrar que el Sevilla FC, el Real Betis Balompié y todos los club españoles fueron partícipes de dicha ideología, como lo fue el deporte en su conjunto y muchas otras facetas de la vida social.
No había otra opción en ese periodo, lo cual no es óbice para que determinados directivos participasen voluntariamente de la ideología fascista a título particular. Pero en los clubs, en sus aficionados y simpatizantes hubo, como hay hoy en día,  de todo. Pretender uniformar a toda una afición es, además de injusto, una tremenda barbaridad desde el punto de vista histórico.
A no ser que sean otros los motivos que se busquen con esa pretendida identificación. 
 
3) El sr. Carlos Romero aduce que los investigadores béticos no hemos sido claros ni contundentes en nuestro rechazo de las teorías que durante años han atacado al sevillismo, básicamente resumidas en “el Sevilla el equipo de los señoritos, el Betis el equipo de los obreros”.
Tengo por costumbre hablar por mí mismo y no por otros, y creo que en varias de mis intervenciones a lo largo de los últimos años he dejado clara mi visión personal del asunto, basada en el rechazo de esta idea.  El que quiera leer mi posición  la puede encontrar en escritos anteriores.
Por supuesto que no encontrará esa barbaridad que pide el sr. Romero, pues no soy yo quién tenga que  “pedir perdón”, por lo que otros han escrito. Que cada palo aguante su vela, y que cada uno se haga responsable de sus actos, de sus escritos y de sus opiniones.
Esa especie de “responsabilidad compartida”  que pide el sr. Romero es toda una locura, propia de mentes totalitarias y reduccionistas que pretenden meter a todo el mundo en el mismo saco (blancos contra negros, rojos contra verdes, etc).
Ese es el charco en el que este señor pretende revolcarse él y  que todos nos revolquemos, participando  de su estrategia de la tensión, porque ahí es donde encuentra su razón de ser y el de su blog, dedicado únicamente a propagar la “guerra santa”, en la que él, por supuesto, es el cabecilla máximo de una de las facciones.
Algo que ya le dio muy buen juego en otras ocasiones, cuando encontró interlocutores que respondían a ese mismo calado, y en el que se nos dio toda una lección por ambas partes de conductas zafias y despectivas hacia el contrario.
Desde luego no me encontrará en esa guerra. No es mi estilo ni el que me interesa practicar.

4)Aún a pesar de creer que ya he sido explícito anteriormente, el capítulo por el que comenzaré a desarrollar mi argumentación va a dejar claro de nuevo cuál es mi postura personal (repito que ya expresada en varias ocasiones por escrito) ante la dicotomía “SFC equipo de señoritos- RBB equipo de obreros”.

Después de ello seguiremos con otras cuestiones, pero que quede claro que no hay peor sordo que aquel que no quiere (o no le interesa) oír.

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